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Pastoral con los enfermos y ancianos PDF Imprimir Correo electrónico
Miércoles 02 de Diciembre de 2009 11:20

dscn2289Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre y vino al mundo fue para cargar con nuestros pecados, nuestras flaquezas y nuestras enfermedades (Cf. Mt 8, 17; Jn 1, 29). Durante su vida pública una de las cosas que más hizo y se preocupó fue de consolar y atender a los enfermos. Sabiendo que éstos estarían presentes en todos los tiempos, encargó a su Esposa fiel, la Iglesia, la atención de los mismos, llegado incluso a identificarse con ellos cuando dice: ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.” (Mt 25, 39-40).

Todos los miembros de la Iglesia, en la familia, en los asilos, hospitales o donde quiera que se encuentren cumplen a su manera esta labor según Dios les pida. Por esta razón, en nuestra familia religiosa, también en nuestra parroquia, la atención de los enfermos ocupa un lugar privilegiado, pues en ellos reconocemos al mismo Cristo, y porque ellos necesitan de nuestra compasión y caridad.

Gracias a la ayuda de los novicios y seminaristas del Instituto del Verbo Encarnado, que visitando las viviendas, los unos, y llevando la comunión, los otros, es que este año se ha podido mejorar la atención de los enfermos en nuestra parroquia. Durante la visita a las casas siempre se consulta si hay algún enfermo o ancianito (pues los ancianos por la debilidad de los años se los compara a los enfermos) que ya no puede ir a la Iglesia, de modo que de la parroquia venga el sacerdote a confesarlo y a darle la unción de los enfermos si es necesario, para que así preparado empiece a recibir la eucaristía. La confesión la tratamos de hacer una vez por mes y se les lleva la comunión todos los sábados, salvo de diciembre a marzo, cuando los seminaristas están de misiones, convivencia y vacaciones; en éste periodo sólo los padres de la parroquia quedan para atender el gran número de ancianos y enfermos que tenemos (este año por gracia de Dios fueron alrededor de 70), por lo que la frecuencia de las visitas a ellos disminuye en estos meses, aunque no se abandona.

La experiencia enseña que es un gran consuelo y el mejor y verdadero soporte durante la enfermedad o los años de vejez la presencia de Dios en las almas, y esto gracias a los sacramentos. El Señor es el Dios de los humildes, apoyo de los débiles, refugio de los desvalidos, salvador de los desesperados (Cf. Jdt 9, 11). Con que fervor  alegría esperan los enfermos y ancianitos la visita del Señor a través de los sacramentos, con que paz cierran sus ojos cuando el Padre los llama, que tranquilidad y consuelo para sus familiares haber facilitado que el amor y el auxilio de Dios hayan llegado a los suyos.

Dios quiera que todos podamos recibir ese consuelo de su presencia en nuestras enfermedades y en lo que dure nuestra vejez. Si saben de alguien que necesite esta atención espiritual, por favor, hacerlo conocer a alguno de los sacerdotes de la parroquia.