|
El 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, se realizaron -como ya es costumbre-, las primeras comuniones de los niños que durante el año se prepararon en la sede parroquial. Los niños, 12 en total, recibieron con gran amor y respeto por primera vez a Jesús Sacramentado.
Cuando el hombre rechazó los bienes divinos, cediendo a su más baja naturaleza y se reveló contra el cielo, Dios quiso crear al hombre una segunda vez, redimiéndolo; pero antes de hacer eso, El creo otro jardín.
Este nuevo jardín no sería un jardín terrenal, sino un jardín humano; en cual nunca se escribiría la palabra “pecado”, un jardín en el cual la mala hierba de la rebelión no crecería jamás para sofocar las flores de la gracia; un jardín que habría dado vida a los cuatro ríos de la redención cuyas aguas descenderían hacia los cuatro ángulos de la tierra, un jardín tan puro, que el Divino Padre no habría dudado de hacer vivir en él a su propio Hijo; y este “jardín encantado”, del que el nuevo Adán es el jardinero, fue nuestra madre bendita.
Así como el Edén fue el paraíso de la creación, María seria el paraíso de la Encarnación, y en Ella, como en un jardín, se celebraron las bodas de Dios y del hombre. Del mismo modo, las almas puras de los niños recibieron en el jardín de su alma, a Jesús Sacramentado. A ellos les toca en su fidelidad y entrega, adornarlo con virtudes solidas y permanentes para hermosearlo cada vez más. Agradecemos a los catequistas que les enseñaron durante el año, para que este día sea el más importante de su vida. |